Apr 26, 2011
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Errare Maternus Est

Querida Karen,

Hoy que llegaste a la escuela en compañía de tu papá, tus maestros te tenían listo un festejo de cumpleaños y ustedes llegaron con las manos vacías, a pesar de que me comprometí a llevar el almuerzo para tí y tus amiguitos.

No tuve el yogur y las frutitas que prometí, porque me olvidé de comprarlas ayer.  ¿Te acuerdas de ayer? Salimos a visitar una clase de ballet… nos reímos mucho porque te pareció aburrida y quieres la clase de circo mejor.

Luego fuimos por una paleta de limón y nos reímos mucho porque tú la mordías por un lado y yo por el otro.  Fuimos a Trader Joe’s y en el estacionamiento hablamos de cómo la gente hace mucho ruido cuando se rie… y nos subimos al elevador, tú apretaste el botón y yo te acerqué a la ventana para que vieras cómo bajábamos .  Te asustaste, pero yo te abracé fuerte y te dije “no tengas miedo, estoy contigo”.

Hicimos muchas otras cosas, triviales y simples… estar contigo absorbió mi mente y a pesar de que fuimos al super, olvidé mi compromiso con la guardería y no compré lo necesario para tu snack con tus amiguitos.

Me duele mucho el olvido, me va a costar mucho superarlo.  Pero quiero que sepas que la vida es más, mucho más que un festejo.  Que la gente que te quiere tal vez no pueda estar en tu cumpleaños y que quienes estamos contigo fallaremos en más de una ocasión, pero siempre estaremos ahí, en corazón y espíritu, decididos a hacerte la niña mas felíz del mundo, aunque nos equivoquemos de fecha, nos olvidemos de cosas y cometamos errores.

Me parece más importante que aprendas que lo más valioso de la vida no se resume en una fecha, sino a lo largo de la vida misma.  Que el hierro más fuerte se moldea con el fuego más candente y que el amor verdadero, ese que te tengo, está muy por encima de fechas y compromisos.

No olvides nunca que soy tu incondicional. Y que mi mejor regalo será ser siempre auténtica contigo.

Con amor infinito,

Tu mamá.

Apr 26, 2011
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¿Vamos al cine?

Por: Mayra Azanza

Una semana después de la faramalla de los Oscares, leí un artículo en un periódico nacional, en el cual se hablaba acerca del talento mexicano en el cine Hollywoodense.

Se criticaba, entre muchas otras cosas, a los mexicanos por su gusto por la piratería.   Se hablaba también la falta de apoyo del gobierno mexicano a sus talentos, lo cual provoca su migración hacia los Estados Unidos; de la casi nula inversión privada en la cinematografía y lo que es peor, de la preferencia de los mexicanos a pagar $0.85 USD ($10 pesos) por un DVD pirata frente a los $7.50 ($90.00 pesos) que implica ir al cine.

Yareli Arizmendi es actriz conocida por su desempeño en Como Agua Para Chocolate, Un Día sin Mexicanosy actualmente su participación en el largometraje América.  Ha sido productora “no por gusto, sino porque así ha tenido que ser” aclara, y en su experiencia afirma “la piratería es el curso natural del ser humano cuando algo que le gusta mucho le resulta muy difícil de obtener”.

“La industria cinematográfica, Hollywood para ser específicos, se empeña en mostrarle al público cortos, entrevistas, publicidad, espectaculares de las películas y demás, de tal modo que el público las desea, solo para decirles ‘¿sabes qué? No vas a poder pagar la entrada al cine, mucho menos para tu familia entera… y además ¿sabes qué? Tampoco vas a poder pagar el DVD porque te cuesta igual de caro que ir al cine’”.

Para Arizmendi, los piratas no son “los malos” de la historia, sino  simplemente la naturaleza innovadora del ser humano abriéndose paso para satisfacer su necesidad de recreación, a costa de lo que sea.

Ciertamente existen leyes desventajosas e inflexibles para la cinematografía en México, se menciona que nuestro cine está en una crisis desde hace más de una década en la cual tocó fondo para 1998 con tan solo diez producciones.

La Ley de la Industria Cinematográfica en México operó impertubable por 40 años, lo cual la llevó a finales de 1989 a ser una de las más prolíficas de latinoamérica, con 4,609 películas de 1926 a 1989.  A partir de 1990 la iniciativa privada dejó de invertir fondos, las pocas empresas que lo hicieron carecieron del apoyo del gobierno, el cual limitó en 50% el tiempo en pantalla del cine nacional.  La crisis económica de 1994 devastó la iniciativa privada lo cual se tradujo en el detrimento aún mas pronunciado de la industria del cine.  A la fecha se carece de una ley justa, que promulgue la producción de películas de buena calidad en tierras aztecas, por sus nacionales.

Recuerdo que durante mi vida en México, si acaso mi entonces novio y yo podíamos ir al cine (sacrificando el consumo de cerveza por un mes) mínimo nos gastábamos $200.00 pesos ($18.50 USD), que para nosotros era una verdadera fortuna. Y es que la ida al cine no implica solamente el boleto de entrada, ¡eso sería muy lindo! hay que pagar estacionamiento, propina para el “viene-viene” (muchacho que “cuida” tu auto mientras compras el cual, si no le das propina, te raya el móvil y la jefa), palomitas, refresco y al salir una nievecita. ¡Al cine se va uno a olvidar que vive en la miseria!

Con esa talla de gastos para ir a ver una película que quién sabe si esté buena, muchas de mis amistades incurrieron en la compra de cine pirata.  Sin duda hay quienes gustan de la piratería, pero la mayoría de mis amigos, aun prefiriendo ir al cine, al ser estudiantes no podían solventar gastos tan elevados.

Las salas de cine reportan ingresos millonarios, y las leyes los protegen.  De cada peso que ingresa a una sala de proyección, 13 centavos le corresponden al productor, entre 20 y 25 al distribuidor y 51 al exhibidor ¡más de la mitad de la taquilla!.  Esto, gracias a la Ley de la Industria Cinematográfica mexicana.  Además de quedarse con la mitad del ingreso, las salas inflan de una manera escandalosa los precios de los productos que se consumen en sus instalaciones, haciendo realmente imposible que aquellos con ingresos modestos gusten del placer que la clase privilegiada tiene.  Realmente, son los exhibidores los principales responsables del poco éxito de taquilla, pues prefieren sangrar los bolsillos de unos cuantos, que renunciar a sus ganancias millonarias abriendo sus puertas al público modesto.

La actriz Yareli Arizmendi no condena la piratería.

Para Arizmendi, el costo del cine en México es digno de controversia “A veces me pregunto cuando estoy en México y sin afán de ofender… ¿en qué país creen que están?” pregunta al aire y continua “$120.00 (10.00 USD) por entrada para ver una película en 3D, $300.00 (25 USD) por un DVD original… el poder adquisitivo no es el mismo que el de Estados Unidos, sin embargo los precios son los mismos.  Por otro lado, yo no conozco a nadie que prefiera comprar el DVD pirata al de la tienda bonita, oficial y elegante, pero la realidad es que no se puede y como artista, yo no condeno esa decisión”

La actriz compartió también que, si el artista tiene un buen representante y logra un buen acuerdo con las casas productoras, podrán entonces acordar una suma fija de ingreso, que no pasa del equivalente al 3% de los ingresos en taquilla.  Por lo tanto, al comprar piratería pocas veces el consumidor afecta a su artista, como lo ha querido hacer ver el gobierno mexicano en campañas publicitarias.  Las afectadas son las distribuidoras, las salas de exhibición y las grandes casas productoras.

Para quien no conoce el trasfondo de la piratería, le resulta muy sencillo concluír que los mexicanos no valoramos nuestros talentos y que inescrupulosamente acudimos a los clandestinos puestos  de piratería tan pronto como el estreno de una película es anunciado, importándonos un comino el éxito de nuestros artistas. En mi opinión la piratería no es una razón, sino una consecuencia de un conjunto de leyes arbitrarias que privilegian a los favorecidos y generan un abuso en el cual los que más ganan son los exhibidores.

Ahora bien, cada uno es responsable de su vida, tenemos libre albedrío. Ninguno de los grandes talentos de la nueva era del cine mexicano estarían en donde están, si no se hubieran salido de su país, no porque México no los quiera, sino porque nadie es profeta en su tierra… y eso no nos hace menos mexicanos… ¿o sí?

Jul 5, 2010
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No fue tan malo

Luego de más de un año de no publicar nada en este blog, me puse a leer lo antes publicado. Vaya que me pegó con tubo la maternidad. Bueno, no es para menos, extrajeron de mis entrañas un ser humano, vivo… y sigue vivo, cada vez más vivo y ahora hasta cree que puede tomar decisiones por sí mismo. Ese pequeño ser humano, mi hija, me ha enseñado que muchas de las cursilerías que lees en pósters y tarjetas de felicitación, son netas. Siempre me pareció una jalada eso de que “los niños te enseñan a oler las flores”. Ha de ser cierto, en mi caso no tengo opción, ella jala de mi mano repitiendo insistentemente “mamá, flor… mamá, flor… mamá, hueles flor… mamá, flor… mamá…” y no es sino hasta que me agacho y huelo la sacrosanta flor, que la sabandija me deja en paz. Y vale la pena, la flor realmente huele muy bien.

Como pueden ver, mis queridos lectores, he pasado la prueba. Soy una madre felíz, pésele a quien le pese. No, no tengo trabajo, de repente llegan a mis manos unas cuantas monedas a cambio de alguna escultura de papel maché de las que hago, pero se desvanecen en comprar cualquier cosa que se me antoje. Casi siempre son cosas para mi hija.

Me siento bien conmigo misma. Estos dos años y meses me han mostrado que cada quien tiene su definición de éxito, yo que me escandalizaba con la simple idea de dejar de trabajar, no tuve de otra más que hacerlo. Me volví madre en el transcurso de los años y descubrí otra cara del éxito que no está en las oficinas ni horarios apretados. Está en orquestar una familia, los sueños y la economía sin frustrar a nadie en el intento.

Mis días son largos, las 24 horas que parecen de 25 minutos se desvanecen entre escribir notas periodísticas, ponerle otra capa de papel a la escultura, jugar a la víbora de la mar y moverle a la sopa. Los “no me contestan las entrevistas” “bájate de la mesa” “hay que ponerle más papel” “no llores, aquí estoy” “mañana tengo que publicar la nota” ” ya te dije que dejes en paz esa abeja” “ya se me quemó la sopa” “no llores, te dije que dejaras en paz a esa abeja” son tan solo una parte de mi diario vivir.

Y si bien al pincipio es cuesta arriba, en reversa y sin doble tracción, y así sigue y seguirá hasta la tumba, lo cierto es que la vida se vuelve más entretenida y nunca antes me había sentido tan importante. Ninguna empresa se derrumbará si yo renuncio, pero la vida de mi hija se desmorona en gajos si yo la dejo de abrazar.

Y aunque ese sentimiento dure tan solo unos años, y su dependencia de mi tenga fecha de caducidad, difruto cada uno de esos abrazos desesperados y lágrimas en mi honor porque carajo, los valgo.

En lo que a mi hija respecta, ella no lo sabe… pero yo también lloro por ella cuando no está… ¿y qué?

Sep 2, 2008

Desahogo de frustración

Acabo de leer un mensaje de una buena amiga, en él cuenta cómo se le ha negado a una mujer el derecho de adoptar un hijo porque tiene los brazos tatuados.  Si bien los tatuajes no son de mi agrado, eso no significa que quien los lleve vaya a ser mala madre.
Estoy cada vez más cansada de la estrechez de mente de la sociedad mexicana.
Me enferma que todavía pidan currículums con foto…
Que en entrevista de trabajo te pregunten si estás casada o tienes hijos…
Que en las solicitudes de empleo haya un espacio para indicar la religión…
Que en algunos empleos se les solicite a los obreros se desnuden ante el médico de la planta, para que éste se asegure que no tienen tatuajes (yo trabajé en una empresa que hacía eso)…
Que un piercing en el embligo sea motivo suficiente para que tu padre deje de dirigirte la palabra por un mes (mi caso)
Que se te juzgue si no deseas bautizar a tu hija, nomás porque tú no eres católica…
Que pongan en duda la femineidad de tu hija nomás porque decidiste no ponerle aretes…
Que a partir de los 30, la gente te pregunte “por qué no te casaste?”
Que se te mire de reojo si decides no tener hijos…
Que las mujeres se escandalicen si un homosexual limpia sus baños…
Eso y mil etcéteras…. Cuando madurará nuestra sociedad? cuando dejaremos de ser hipócritas? Cuándo verán que en el mundo existe algo más que el catolicismo, y que hay cosas mucho más relevantes que la apariencia física? Eso y miles de ideas preconcebidas, heredadas y adoptadas, todas ellas cerradas y erróneas.  Qué triste… qué triste que todavía haya mujeres en mi ciudad natal que se casan con extranjeros, nomás por tener un apellido impronunciable, sin pensar que también en europa hay nacos.
En fin.  Ya me desahogué.
Jul 11, 2008
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¿Aprovechar el tiempo?

Con mi hija en brazos, en esos momentos de terquedad que le dan sin falta cada día, mientras siento que los tímpanos me revientan y la cabeza me explota, pienso “yo debería estar haciendo tal o cual cosa, en lugar de estar aguantando llantos. Pero nomás se calla, voy a hacer X o Y…”

Cuando al fin se calla, la memoria se me pone en blanco. ¿Qué quería hacer? No lo recuerdo… ¿Investigar acerca de qué? ¿Escribir un artículo de qué? ¿Llamarle a quién? Olvídalo. Mejor me voy a dormir.

Justo eso mismo haré ahora.

Jul 10, 2008
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Mommy Knows Best

“Mommy knows best” eso fue lo que le dije a mi marido, con ceja levantada y toda esa seguridad que te de la sociedad al hacerte creer que nomás por ser mujer, ya le inteliges a la perfección a todo lo referente a bebés… Al menos más que tu esposo, que es hombre y la sociedad dice que no saben de bebés.

Se lo dije porque quería descobijar a mi hija nomás porque él tenía calor. Pero yo  no quería que la descobijara, porque solo así, hecha “taquito” duerme plácidamente.  “tu temperatura no es la de ella” le dije en un tono seco.  “Además, mommy knows best”.  Algo me refunfuñó él, pero  no le hice caso.  Era medio día.

Salí por un par de horas y a mi retorno, la niña seguía cobijada como la había dejado, mi marido, enojado, como lo había dejado.  Le pedí disculpas por mi rudeza, pero seguí convencida de que dejarla cobijada era lo mejor, pues ¡se veía tan descansada!.

Sudó por la cobija, pero despertó de buen humor.  Al cambiarle el pañal, noté que tenía ronchas.  “Seguro alergia a algo… ¿Será a la fórmula? ¿O será algo que comí? ¿O será la crema para el cuerpo?” le llamé a la pediatra.

“No tiene temperatura, no tiene malestar… No creo que sea nada grave”
pero las ronchas persistieron por varios días, de modo que ayer la llevé a consulta.

La doctora la examinó con cuidado y me dijo: “Es irritación por el calor.  Seguro la estás cobijando demasiado, no la abrigues tanto” ¡Ups!

No he comentado con mi marido la respuesta de la doctora, es demasiado vergonzoso.  Sin embargo, hoy por hoy me queda claro que no siempre mommy knows best… Oh well…

Jul 9, 2008
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Un perejil en el diente

La depresión post parto es como un póster enmicado.  Ahí está, pero jamás pensamos que pueda ser propia.  Pero para mi gusto, más que póster enmicado parece un perejil en el diente o una bragueta abierta.

Todo el mundo la ve, menos quien que la trae.  Y por supuesto, nadie le dice nada a la afectada, quien solo recibe miradas de extrañeza y respuestas condecendientes.

Cuando no eres una persona depresiva, como es mi caso, es muy difícil distinguir una depresión.  Nunca había experimentado uno de esos episodios, tan largos, tan tediosos, tan oscuros.  Si alguien me hubiera dicho que la depresión va más allá de sentirse triste, tal vez hubiera detectado el problema a tiempo.

¿Cómo describirla? Sientes que tu vida terminó.  Que tu mundo se desmoronó, que vivirás por siempre a merced de las necesidades de una sabandija de menos de 10 kilos.  Exististe mucho antes que ella, pero ahora sin ella no eres nadie.

Te sientes mal físicamente, por primera vez sabes lo que es llorar de cansancio y dolor, sin embargo, no hay descanso.  Hay una nueva vida por atender.  Y te hallas a ti misa esforzándote por atender de buena gana a tu bebé, cuando en realidad lo que quisieras sería dormir y no volver a oir ese llanto.

Y después te ataca la culpa… ¿cómo puedo pensar de esa manera? ¡es mi bebé!  ¿Qué pensaría mi esposo si supiera lo que pienso y cómo me siento respecto a la maternidad? Sientes miles de dedos índices apuntádote diciéndote: irresponsable, mala madre, inútil, floja y además, gorda y fea.

Te miras al espejo y de súbito, veinte años te cayeron encima.  No te ves como tu madre, te ves como tu abuela.  Dejas de mirarte al espejo.

Abres tu clóset y lo único que te queda, es ropa de maternidad.  Miras hacia abajo y lejos de alegrarte de por fin tener la capacidad de ver tus pies luego de largos meses, tu mirada se detiene ante ese colguije de piel arrugada, lastimada, manchada y rota, que más que tu vientre parece un globo desinflado.

Quisieras gritar tu desesperación, pero las fuerzas no te alcanzan.  Además, todo el mundo está mirando al bebé, no a ti.

Y cres que te estás hundiendo en un mar de oscuridad, que atraviezas un oscuro túnel sin final, en donde cada vez eres más gris, más tenue, más transparente hasta llegar a camuflarte con las paredes, sientes que cualquiera podría pasar delante de ti sin notarte siquiera.

Te atacan miles de dudas sin respuesta: ¿en qué pensaba cuando me metí en esto? ¿cómo es que brinqué de gusto al ver mi prueba positiva de embarazo? Fui tan ingenua.  ¿cómo es que siento que Britney Spears es mejor madre que yo? ¿Por qué no puedo alegrarme? ¿Cuando voy a sentirme bien? ¿Acaso nadie se da cuenta que me estoy derrumbando?.

Sin embargo, tus amistades y familiares lo notan… Pero no dicen nada.  No es sino hasta que por fin gritas de desesperación, o comienzas a superarlo y hablar abiertamente al respecto, que aquellos allegados te dicen “Si, yo te notaba rara, pero no te dije nada…” ahhhh ¡No pos si! Gracias ¿eh?

Amigos y familiares de aquellas que atraviezan por depresiones posto parto: ¡no se queden callados! ¡ayuden! ¡Hablen! Tan solo una palabra basta para empezar a salir del hoyo.

Jul 8, 2008
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La maternidad no es apta para ególatras

Eso debieron habérmelo advertido con letras mayúsculas, en “bold” y rosa fosforecente.  Pero ¿qué digo?, si de antemano al menos mi amiga Otilia me lo advirtió y jamás le quise creer… O más bien, desconocía mi nivel de egoísmo.

Toda mujer que planea tener hijos, o que espera su primogénito, léame con atención:  El minuto mismo en que esa criatura sale de ti, tu estrella se apaga. No eres ya lo más importante para nadie en esa sala de partos, ni en el corazón de quienes te rodean… Bueno tal vez tus padres todavía te consideren lo más importante, porque eres su hija.  Pero tú ya no eres la reina.

Es algo muy duro, es como si te despertaran de un pasón de un buen cubetazo de agua fria, o como si te despertaran de un plácido sueño con tremendo patadón en el trasero.  Nadie te lo advierte de forma clara, nadie te lo dice, porque piensan que, como buena mujer, ansías tener en brazos a esa criaturita y ese amor de madre llenará todos los huecos habidos y por haber… ¡Mentira!

Mentira y más mentira. Al menos lo fue para mí.  Al cabo de 18 horas de labor infructuosa que terminó en cesárea, lo  menos que me esperaba era una semana entera de apapachos, cariños, mimos y atenciones… ¿Cual? Ahí está la “Ñoñiña”, que necesita pañal, comida, cariño, calor y dotación doble de apapachos.  La gente llega a verte, te brinda una sonrisa condescendiente y se voltea a ver al recién llegado.

Mientras una acá, con el bajón hormonal, la madreada del parto, hinchada de todos lados, manoseada por montones de manos en salva sea la parte, adolorida y con un indecible coctel de emociones, tiene que aguantar vara y apapachar al vástago, como si nada pasara, porque finalmente ¿la criatura qué culpa tiene? Para ella el trauma es incluso peor.

Total, que al menos los primeros dos meses después del parto son de subida y sin doble tracción, en un camino que nos toca recorrer solas.  Lo acepto, yo todavía no estoy del otro lado y todavía no me resigno de haber cedido mi trono a una nueva reinita, pero cada que quiero reclamarle, la muy canija me otorga una de esas sonrisas que ya sabe que me derriten y bueno, se gana el indulto.

De tal modo que, estimada lectora, la maternidad no es apta para “princess”, ni para esposas chiqueadas por los maridos, ni para egoístas.  Eso no quiere decir que las “princess” no debamos tener hijos, quiere decir que para nosotras, el madrazo será más duro y el golpe de realidad más fuerte.

Sin embargo, de nada sirve advertir a nadie en este respecto, porque “cuando una mula dice ‘no paso’, y una mujer dice ‘me embarazo’, la mula no pasa y la mujer, se embaraza”.

Ya me contarás tu experiencia…

Jul 7, 2008
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Vida Monotemática

A partir de este momento, mi blog se tornará monotemático.  Parí hace dos meses a mi hija y realmente no tengo nada más de qué hablar.

Soy una mujer desempleada viviendo en Los Ángeles y aunque adorado marido aguanta vara con mis subeybaja hormonales, mis amigas, a quienes quiero con toda el alma, mis hermanos y mi madre, que me echan porras sin cansarse, me digan que ser madre es toda una chamba, ¡a mí no me subieron el sueldo luego de dar a luz! ¿Y qué aumento espero, si ni a sueldo llego?

Bueno bueno, no nos pongamos amargosos, hablemos del único tema que ocupa mi cerebro últimamente.

Acabo de poner a la “Ñoñiña” a dormir y estoy a punto de comer.  Una de las grandes lecciones que he aprendido ahora que soy madre, es apreciar la comida.

Si, ahora como lo que sea, en las condiciones que esté, en las cantidades que esté disponible.

Con un bebé en casa nunca sabes cuándo vas a poder volver a comer, así que cada cena, es la última cena.  ¿Que el pollo está frio y la grasa está cuajada al rededor suyo? ¡Cómetelo!.  Que la carne asada tiene más de una semana ahí y además hay un sobrante de frijoles de dudosa antigüedad… No seas rejega y come. No sabes si eso será lo único que podrás comer ese día.

En mi casa, desde que Karen arribó a mi vida, los días en que no podía comer si la mesa no estaba propiamente puesta, con manteles individuales, agua mineral con hielos, servilleta doblada en triángulo con los cubiertos ordenados, la comida bien caliente, salsa y aderezos, esos días han quedado en el recuerdo de “los buenos tiempos”, junto a la memoria de las noches de sueño de más de siete horas corridas.

Hoy mi almuerzo se reduce a comer de pie y con las manos una pierna de pollo fría, sin tortillas por aquello de la dieta.  Y mi ración de verduras se limita a una lata de V8.

Hoy tuve tiempo de escribir, sin embargo la conciencia me remuerde de pensar que en cualquier minuto puede despertar y los veinte minutos que invertí en escribir esto, pudieron haber sido mejor invertidos en comer algo más que una pierna de pollo recién sacada del refri.  Sin embargo, las ansias de contar lo que me pasa, a sabrá Dios quien pueda leerme, fueron más fuertes que la necesidad de comer… Ya me veré rugiendo de hambre al rato, si es que no puedo comer en cinco minutos.

¡Abur!

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May 5, 2007
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LEAVING LAS VEGAS

Hace unos dias vi “Adiós a las Vegas” (Leaving Las Vegas, por su título en inglés).  Decidí verla pues leí muy buenos comentarios que la declaran como “una verdadera tragedia griega”, aunado a que Nicolas Cage me cae bien.  

(Este comentario tiene datos de la película que pueden arruinar la historia para quien no la haya visto y deseé verla)

Comenzó bien, los primeros diez minutos de película se puede apreciar un tanto la decadencia de un alcohólico y su deseo de irse a Las Vegas a morir en el alcohol con lo que la empresa le dió de retiro al finiquitarlo por irresponsable.

Lo malo comienza cuando el hombre se encuentra en Las Vegas con el sueño de todo borracho terminal: una prostituta hermosa, de cuerpo perfecto, desinteresada, de buenos sentimientos, que cocina, que lo cuida, lo mantiene, le da regalos, le da dinero para que se vaya a jugarlo en apuestas, le paga el vicio, gana muchísimo dinero, vive en un departamento hermoso, y por supuesto, se enamora de él y le da su amor cuando él puede y quiere. ¡Ah! Y se lo lleva a vivir a su depa, el cual está siempre impecable.

Además de ello, le aguanta todos los teatritos típicos de un borracho, lo atiende, lo baña, lo carga hasta su alcoba después de la borrachera, le compra ropa nueva de la mejor calidad y una anforita de plata, para que se pueda poner las borracheras que guste sin enseñar la botella, porque eso si sería vulgar.  Con esto último añado que por supuesto, nuestra amiga vendedora de amor, acepta totalmente el vicio de su amado y no le ha pedido cambiar por nungún motivo, lo ama tal y cual es.   

No olvidemos que ella tenía su “padrote” que la maltrataba y humillaba, pero, lo matan casi al inicio de la historia, entonces, además de todo, ¡ella es libre como el viento! ¡No tiene a quien reportarle sus ventas ni darle comisiones! ¡Vamos, que ahora yo ya no puedo aspirar ni en mis peores sueños guajiros a ser la mujer perfecta! ¡Jamás!

Él por su parte, se dedica a dejarse querer y además, se sale a apostar (mientras su prostituta modelo sale a trabajar para mantenerlo) y no falta la coleguita de su novia que se le pegue y él, como está borracho y necesita cariño, pues, se deja querer.

Nuestra prostituta estrella llega a su hermoso depa decorado con flores frescas, radiante de belleza como siempre, luego de una larga jornada de trabajo, solo para encontrarse que su amado borracho se está claveteando a la colega.  La colega entonces se viste, se despide, y se va.  Acto seguido, ella corre al borrachín de su departamento.

Pero la cosa no se queda así, ella entonces “se muere por dentro” en ausencia del borracho y empapada en lágrimas lo va a buscar para que regrese a su lado.  Lo encuentra agonizante en su lecho, pálido, tosijiento, borracho.  Ella le declara su amor por milésima vez, se le sube y hacen el amor.  En ese momento, él muere.

(Ahogo mis risas)

Si no hubiera visto tan de cerca casos de alcoholismo como el quisieron representar en “Adiós a Las Vegas” tal vez les hubiera creído su pseudo intento de tragedia griega.  ¡Ojalá un alcohólico de esa magnitud tuviera esa suerte!  Un alcohólico así no es fácil de tratar, mucho menos de tolerar.  Y no hablemos de comportamiento, hablemos de padecimientos: tiemblan, se convulsionan, se confunden… no mueren en el lecho de amor entre las piernas de una bella mujer… mueren tirados en la calle, abandonados por todo el mundo pues nadie se quiere hacer cargo de un borracho, esa es la verdad, a mi que no me cuenten.  

En cuanto a la prostituta, caray… hace falta ser verdaderamente inocente para pensar que una prostituta en Las Vegas, o en cualquier parte del mundo, sobrevivirá siempre sin enfrentarse con algún padrote o madrota que la vaya a explotar, justo después de muerto el primer padrote.  Y también, hace falta ser muy inocente para pensar que una prostituta respete a la que se acostó con “su hombre” y la deje ir con un simple “bye”.  Si las mujeres normales somos capaces de desollar en vida a la susodicha, ¡cuantimás una prostituta a una colega!.

En fin, supongamos que la prostis tiene buenos sentimientos y se enamora… ¿se va a quedar de brazos cruzados cuando él se va de juerga con otras mujeres? ¡Por Dios! ¡Es una mujer! No existe sobre la faz de la Tierra una mujer que no quiera cambiar a su hombre, que no sueñe con cambiarlo “poco a poco, con mis cuidados y mi amor”, que no sea celosa, que no sea posesiva.  ¡Es parte de nuestra naturaleza!

Si quieren ver una verdadera tragedia acerca de al realidad de las prostitutas, vean Monster.  Si quieren ver la realidad de la tragedia de un alcohólico, dénse una vueltecita por el skid row de LA.

Conclusión: esta película debería de estar clasificada como “Realismo Mágico”, o bien, “comedia”.

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